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El costo del éxito: el agotamiento mental no es un logro que celebrar
Hay una coreografía invisible que se repite cada mañana en las grandes ciudades. Las agendas se cierran con precisión quirúrgica, los mensajes se responden antes de que el teléfono termine de vibrar y la vida transcurre bajo la convicción silenciosa de que detenerse equivale a retroceder. Nos hemos acostumbrado a habitar la prisa como si fuera el estado natural de las cosas. Soportar el ritmo, tragar saliva y seguir adelante se ha convertido, casi sin darnos cuenta, en una ex

Lucia Ramos
3 min de lectura
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